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LCHR and UNDP: NGOs and Police
Reform
Mexico's Transition:
Can the Fox Administration Reform the Police?
Legalized Injustice:
A New Report on Criminal Injustice in Mexico
Injusticia Legalizada
Resumen ejecutivo
Introduccion
Cases of Misconduct and Brutality
Human Rights Organizations in Mexico
Reporting on the Human Rights
Situation in Mexico
 Mexico Policing Project
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Explorando
caminos hacia la Reforma Policial:
Seis Recomendaciones
Robert O. Varenik
Lawyers Committee for Human Rights
Explorando caminos hacia la Reforma Policial:
Seis Recomendaciones 1.
En el ámbito de la seguridad pública, México
enfrenta un doloroso dilema que no parece admitir una solución.
Los cuerpos policiales generalmente carecen de confianza pública.
El ciudadano muestra un miedo palpable de que el contacto con la
policía muy probablemente pondrá en riesgo sus derechos,
en vez de reivindicarlos. En pocas palabras, se necesita una reforma
policial urgentemente.
Al mismo tiempo, la nación está viviendo probablemente
la época de delincuencia más severa en su historia
moderna. La percepción más o menos generalizada de
que la criminalidad es más común, más organizada,
más peligrosa y más fuera de control que antes, sólo
incrementa la enormidad del reto de superar las grandes necesidades
que involucra evaluar, entrenar nuevamente, administrar y actualizar
radicalmente a las fuerzas de policía en todos los niveles
y a lo largo del país. Para los mexicanos esto equivale a
intentar reparar un paracaídas defectuoso mientras se va
en caída libre. Enfrentados con una doble necesidad, los
políticos corren un gran riesgo de tomar un enfoque demasiado
rápido y no considerado cuidadosamente, para aplacar un clamor
público de acción. El hecho de que la reforma policial
sea un nuevo proyecto y que los expertos locales sean escasos, sólo
incrementa el potencial del peligro.
Este documento intenta ofrecer una óptica para englobar varios
aspectos del problema y lanzar algunas recomendaciones concretas
para ser consideradas por las autoridades. Éstas se tratan
tanto de tácticas para propiciar el proceso de cambio, como
de reformas especificas. Muchas de ellas se derivan de lecciones
o experiencias ajenas porque son relevantes, y porque la falta de
una experiencia propia de una policía democrática
y con capacidad de respuesta, obliga a las autoridades mexicanas
a crear una nueva tradición con el apoyo de ideas adaptadas
a circunstancias locales.
Reforma policial: buscando una definición fundamental
del reto
Como ha sido señalado por diversos observadores, la policía
es un asunto separado de muchos otros del proceso de justicia criminal
(y de hecho, de muchas otras ocupaciones) por dos características
centrales. El análisis del potencial para abusos policiales
(incluso ineficacia o corrupción) típicamente comienza
por la gran discrecionalidad que los policías ejercen comúnmente
y el poco escrutinio en sus decisiones. Aunque estas características
son diferentes del frecuentemente mencionado monopolio del uso de
la fuerza, la preocupación por tal discreción falta
de escrutinio se incrementa por los altos riesgos siempre presentes
cuando ciertos agentes del gobierno tienen derecho de detener, someter
y hasta matar.
Con el ánimo de comparar considérese, por ejemplo,
lo que hace el juez penal. Trabajando dentro de un marco jurídico
que regula materias sustantivas y que de hecho constituye un proceso
formal para asimilar hechos y aplicar el derecho — los jueces
están informados también por el escrutinio que varios
actores (fiscales y defensores y tribunales superiores para nombrar
algunos) están obligados a prestar como parte de su propia
función. La decisión de un juez es la culminación
de un proceso formal, argumentos y (esperamos) una debida reflexión
sobre las pruebas y la ley, con ojos puestos en lo que podría
decir un tribunal que tendrá que resolver una eventual apelación
y/o amparo.
La experiencia policial contrasta totalmente con ese modelo. Mucho
del trabajo policial es pre-procesal e involucra acciones que requieren
reacciones rápidas y sutiles imposibles que definir a priori.
Por ejemplo, ¿cuánta fuerza (y que tipos) está
justificado en efectuar la captura de un sujeto? En la practica
el policía tiene que calcular la estatura física del
otro, si tiene armas, las consecuencias de que se resista al arresto,
y muchos otros factores que los oficiales no pueden determinar sino
hasta el encuentro mismo. Las normas ofrecen guías , principios
de proporcionalidad y necesidad —pero dejan al elemento con
poco más que su experiencia y juicio en el momento de actuar.
Esto es, su discreción.
Segundo, ni la jerarquía policial ni el aparato judicial,
que tienen responsabilidades definidas para supervisar la actuación
del personal de policía, están presentes en el momento
de decidir y actuar. (Pocas cosas destacan tanto la diferencia en
papeles y modalidades entre jueces y policías como la supervisión
judicial de los actos de policía. La sociedad encomienda
a los jueces que revisen y, de ser necesario, contradigan a la policía,
y les confiere el lujo del tiempo y la distancia para que puedan
cuidadosamente observar aquello que el policía tuvo que decidir
en segundos, quizá con su propia seguridad y la de otros
en riesgo.) Se espera de los oficiales que registren algunas de
sus acciones (la manera y frecuencia varían de un lugar a
otro), pero no hay nada con qué comparar las decisiones razonadas
en las resoluciones judiciales. Esto es particularmente cierto cuando
los oficiales deciden no actuar-normalmente nada se anota
cuando un oficial decide no detener un auto o no
dar una multa. En otros casos, los oficiales pueden realizar ciertas
acciones, incluso enfrentamientos con civiles, que son virtualmente
invisibles simplemente por no anotarlas o reportarlas, aún
cuando se les requiere que lo hagan. (Aparentemente la policía
de Nueva York ha empleado esta táctica con frecuencia: aunque
se requiere que reporten cada detención y cateo, investigaciones
externas determinaron que con frecuencia ningún registro
se hace o se guarda.) De hecho, para bien o para mal, los policías
pasan la mayoría de sus vidas profesionales actuando con
poco escrutinio, pero con muy altos riesgos. Por estas razones,
los principales retos en la reforma policial son examinar, fiscalizar,
regular y ocasionalmente burocratizar la discreción, para
llegar a confiar en que la policía día tras día
estén haciendo aquello que deseamos, y no aquello que tememos.
La “accountability” es el mecanismo, o mejor
dicho, el principio operativo detrás de una serie de mecanismos,
pare regular el ejercicio de una amplia discreción y limitar
el desempeño pobre o ilegal, o la ausencia de él.
En otras palabras, el reto es traer el ejercicio de la discreción
a un sistema de controles institucionales y sociales. Conseguir
esto es el núcleo de la reforma policial, porque asegura
el provecho de otras inversiones como mejores salarios, entrenamiento
y equipo. La accountability es especialmente importante
para México, que ha carecido de enfoques sistemáticos
a la administración pública de las fuerzas policiales,
precisamente porque incorpora un enfoque en la respuesta institucional
así como la conducta individual.
“Accountability” no se presta a una fácil
traducción al español_ “Rendición de
cuentas”, quizá el término empleado con mayor
frecuencia, se aproxima pero no captura todas las dimensiones del
concepto según se pretende aquí. En México
en particular, “rendición de cuentas” invoca
la noción de elaborar un reporte, a menudo, si no es que
siempre, sobre el empleo de recursos públicos. Por lo tanto,
lleva consigo una connotación de responsabilidad y control
fiscal, y en su uso común no necesariamente incluye la noción
de de una respuesta -un proceso o procesos que determinan
e imponen consecuencias si se establece que la acción es
inapropiada o ilícita. Como será empleado aquí,
el término accountability connota un proceso de
revisión de conducta, investigación, de ser necesario,
una determinación de lo apropiado de la conducta, y la aplicación
de una sanción o premio según sea el caso. Implica
también una atmósfera de transparencia y provisión
de información necesaria para permitir a los actores indicados
tomar decisiones informadas.
La policía no debería interpretar el núcleo
de su discreción, o el llamado a una mayor accountability
sólo como una restricción que no permite el buen ejercicio
de su juicio y acción. La accountability probada
es también una llave hacia la credibilidad, o como el experto
en policía comparativa Lawrence Sherman lo llama, “policía
basada en evidencia” (evidence-based policing). Según
lo emplea Sherman, el término implica tener los mecanismos
de control y evaluación, como elementos de una gerencia moderna,
que le permitan al mando policial saber qué hacen los elementos,
cuáles son los resultados, cómo hacer cambios—sin
los cuales seria difícil demostrar su impacto y por ende,
hacer un caso fuerte para el apoyo del público, verdadero
servicio civil de carrera, recursos ampliados, etc. Independientemente
de la estrategia policial específica empleada, ya sea tolerancia
cero, policía comunitaria o la llamada “policía
resolución de problemas” (es decir, encaminada a atacar
factores indirectos que propician el delito), las medidas eficaces
de accountability son la única manera de asegurar, tanto
a la policía como al público, que no se abuse de la
inevitable discrecionalidad policial.
Con esto como encabezado para observar el reto de la reforma, la
pregunta se desplaza hacia cómo empezar y qué experiencias
nos ofrecen algunas pistas.
¿Qué lecciones ofrecen otras experiencias?
Las reformas más radicales normalmente se ven en los países
en la fase post-conflicto (como en Centroamérica), al conseguir
su independencia (como en Timor Oriental), después de la
derrota total de las estructuras de la seguridad del régimen
antiguo (como en Haití) o con un cambio de paradigma gubernamental
radical (como en la ex-Unión Soviética). En dichos
casos existe el impulso político para empezar de nuevo, la
presencia de otros actores (como la ONU, la OTAN y la OEA) comprometidos
a mantener la seguridad publica durante la transición hacia
una nueva organización policial. A veces los patrocinadores
están dispuestos a financiar una buena parte del proceso,
así como a absorber porciones significativas del presupuesto
de la nueva entidad. En los casos en que es necesario transformar
radicalmente o sustituir una antigua entidad totalmente desacreditada,
el enfoque tiende a ser el crear una nueva policía con cierta
medida de selección profesional y entrenamiento, independencia
formal de la milicia, con condiciones laborales razonables ?es decir,
con los fundamentos básicos para una policía democrática.
Dentro de esos esfuerzos se encuentra alguna iniciativa en torno
de la accountability, para dar respuesta a un patrón prevalerte
de violaciones de derecho humanos cometidos por elementos de la
policía.
Las situaciones de ruptura o post-traumáticas descritas arriba
son similares en algunos aspectos a las líneas generales
del escenario mexicano, y diferentes en algunos otros (en el grado
en que la situación México, un estado federal de 32
entidades al nivel estatal, puede generalizarse). México
no puede considerar desintegrar estructuras policiales enteras de
una vez, en ausencia de cascos azules o elementos de UNCIVPOL que
mantengan la seguridad mientras se reinventa la policía.
Y aunque México puede invitar a expertos extranjeros a ofrecer
alguna perspectiva, el proceso de reforma siempre será suyo,
no dirigido por otros países o instituciones patrocinadoras,
como es el caso en los otros escenarios. No obstante, algunas de
estas experiencias son relevantes.
En países estables, incluso los que gozan de una llamada
policía democrática, también se ven cambios
importantes pero normalmente a niveles de más detalle—evolución
de mecanismos de control, la creación de sistemas integrados
que abarcan varios mecanismos y tal vez de modo más importante,
la aceptación de accountability no sólo como un mal
necesario ante la presión publica a favor de los derechos
humanos, sino como un hilo conductor de la gerencia y administración
pública. Estos pueden resultar ser ejemplos más aptos,
particularmente a nivel federal y en el Distrito Federal.
Existe una diversidad de lecciones que pueden derivarse de este
amplio rango de experiencias. Se refieren tanto a los pasos necesarios
para generar impulso para la reforma, como a los pasos necesarios
para diagnosticar y atacar el reto. Dos recomendaciones iniciales
se dirigen al proceso de facilitar el aprendizaje y el acuerdo.
1. Reconocer el aspecto técnico de esta materia,
y por tanto buscar
fórmulas para evitar la parálisis política.
En Irlanda del Norte después de treinta años, las
partes del conflicto se encontraban en negociaciones políticas
sumamente difíciles que tenían como asunto central
la reforma de una policía manchada por su historia violenta
e impunidad, según católicos que habían soportado
el impacto de sus tácticas, pero que para el gobierno británico
y los protestantes leales a él, ofrecía la forma principal
de defensa en contra del terrorismo del ERI. Se volvió claro
que las partes no podrían resolver el asunto de qué
hacer respecto de la policía, y de que algún proceso
alternativo se requeriría si se deseaba algún progreso.
Viendo una fuerte posibilidad de parálisis, y el fracaso
de negociaciones, las partes encontraron un mecanismo que les aseguraba
dos cosas: un fundamento técnico e imparcial para el desarrollo
de un plan y una vía para salir del impasse político.
Los partes acordaron los términos de referencia para una
comisión que llegó a ser conocida por el apellido
de su jefe, Christopher Patten. Los términos señalaron
no sólo los valores policiales que la comisión debía
considerar, sino también varias mejorías de calidad
y profesionalismo que aportaban mucho al propio cuerpo policial.
Detallaron además, varios requisitos de participación
popular y transparencia sobre el trabajo de dicha comisión,
asegurando que todos los sectores tuvieran oportunidad de estar
representados por los comisionados.
Entre los distinguidos comisionados, casi todos expertos en la materia,
se incluyó gente extranjera, en parte para asegurar que otras
experiencias enriquecieran la búsqueda de ideas, pero también
para establecer presencias que no eran partidarias de ninguna causa
o grupo local, y así mantener el enfoque técnico.
La integración de comisionados locales, incluso uno o dos
del sector privado, aseguraba que las realidades políticas
tampoco se olvidarían.
Pero su propia experiencia les había mostrado que por buena
que sea, una comisión técnica no logra nada si falta
la voluntad de implementar sus reformas. Para evitar la repetición
de esa frustración tomaron varias medidas. Primero el Acuerdo
de Good Friday, que marcó el compromiso de paz y
creó la Comisión, se sometió a una referendo
y obtuvo una aprobación del 71% de los votantes. En una de
sus cláusulas el Acuerdo refleja la determinación
de las partes para evitar que la implementación fuera detenida
indebidamente, obligándose los firmantes a “introducir
y apoyar legislación” para dar efecto a lo
que las partes acordaron. Aunque sobre el tema específico
de la policía, no hubo el mismo lenguaje, la combinación
de factores - el referéndum, el prestigio de los comisionados,
la transparencia de su proceso (llevaron a cabo 40 reuniones publicas
) y el detalle de los términos de referencia crearon un ambiente
en que fue imposible renunciar a lo emitido por la Comisión
Patten e incluso difícil frustrarlo de forma más indirecta.
La propia Comisión agregó otro mecanismo para fortalecer
el seguimiento de sus recomendaciones: sugirió el nombramiento
de un Comisionado para fiscalizar la implementación del plan,
figura que fue creada después de que la Comisión entregó
su informe final.
México podría verse beneficiado por ciertos elementos
del método empleado en Irlanda del Norte. La administración
Fox se ha visto de cierto modo bloqueada en la mayoría de
los frentes legislativos, y no ha demostrado hasta ahora un hábito
convincente de consulta, o la capacidad de apoyar reformas más
allá de los objetivos de los partidos de oposición
decididos a negar a su gobierno victorias fáciles. El enfoque
de Los Pinos a la reforma legislativa ofrece hasta ahora pocas esperanzas
de una participación más amplia, y puede muy bien
fracasar políticamente cuando llegue el momento de desarrollar
una reforma legislativa. Si el Presidente Fox empleara su capital
político en impulsar un proceso concertado, que involucre
a una comisión adecuada, don de la implementación
de sus recomendaciones se vuelva la responsabilidad compartida de
todas las partes, México podría tener una receta para
avanzar en un área difícil. El grupo indicado que
combine correctamente las perspectivas interna y externa para observar
el reto de estudiar, escuchar y proponer, proporcionaría
a los mexicanos, en el peor de los casos, una propuesta que sería
un insumo para un debate enriquecido?y si los partidos cumplieran
sus compromisos, quizá sería mucho más. Confiar
el futuro de la reforma policial a un sistema de política
excesivamente personalizada, caracterizado por negociaciones quasi-clandestinas,
y la exclusión de sectores afectados de la sociedad, no puede
ser la mejor alternativa.
2. Asegurar que el aprendizaje sobre policía no esta
responsabilidad exclusivamente del gobierno.
Es indispensable que los oficiales y legisladores toman en serio
la necesidad de estudiar la mecánica del manejo moderno de
la policía y la accountability en la policía. El reto
de reformar la policía, es real y complejo igualmente que
la cuestión de asegurar la seguridad pública. México
no tiene el lujo de una amplia comunidad de expertos locales en
esta materia, así que toca a las autoridades propiciar un
proceso educativo dentro y fuera de las propias instituciones.
La lucha de reformar la policía costará años.
Todos los actores relevantes en esta área lo saben. Sin embargo,
hay razones para dudar de que los diagnósticos oficiales
sean suficientemente autocríticos o de que los planes de
reforma sean adecuaos. Si no existen voces tanto de apoyo y propuesta
como de presión, se pierde un recurso necesario para generar
acuerdos sobre el quehacer pendiente y se hace más remota
la posibilidad de una adecuada fiscalización de la implementación.
Las ONG mexicanas todavía no han entrado con fuerza al debate
sobre la policía, lo cual deja un vacío importante
en el discurso público. Oficiales en varias agencias han
tomado nota de esta ausencia, y a veces lamentan que los grupos
de derechos humanos denuncien abusos persistentes, pero que rara
vez ofrezcan propuestas concretas. La transición política
en México lleva consigo cierta ironía: ahora, con
más reconocimiento oficial de los problemas institucionales
y la necesidad de cambios profundos, las ONG, quienes por años
señalaron esto, encuentran dificultades para aprovechar la
relativa apertura. Éstas sufren la escasez de recursos humanos
y financieros, y la misma falta de familiaridad con el asunto tratado
que (desafortunadamente) caracteriza a muchas instancias gubernamentales.
Sudáfrica es un ejemplo muy ilustrativo, aunque desafortunado
en este respecto. Durante la época de apartheid se desarrolló
una red impresionante de oficinas de asesoría, pequeñas
ONG cuya presencia tanto en las ciudades como en las llamadas “homelands”
era un verdadero salvavidas para gente capturada por la policía.
Con la transición a un estado democrático bajo el
mandatario Nelson Mandela la naturaleza y las raíces del
abuso policial cambiaron, pero no el problema en sí. Pero
cinco años después del inicio de esta transición,
el número de dichas oficinas cayó desde más
de 400 hasta alrededor de 250, ya que el apoyo al sector no gubernamental
disminuyó radicalmente después del fin formal de apartheid.
Sin embargo, el gobierno desperdicia el potencial de la sociedad
civil con el riesgo de tener políticas malas y poca gobernabilidad.
Ciertamente esta es una de las lecciones que pueden derivarse del
último siglo de historia en México. De hecho, un libro
sobre policía democrática comparada, aún uno
de los textos más recomendados, es el resultado de la labor
de una ONG para apoyar el esfuerzo de la reforma policial en Irlanda
del Norte. Human Rights on Duty (Derechos Humanos en Servicio),
publicado por el Comité Para la Administración de
Justicia, una ONG de Belfast, reúne información de
7 países y más de cien oficiales, académicos
y ONG que llenaron cuestionarios y mandaron materiales y análisis
sobre varios temas relevantes. Su propósito fue alimentar
el proceso de la Comisión Patten, proporcionar información
específica a oficiales locales y educar a un público
cuyo único conocimiento de la policía se refería
a una fuerza establecida bajo una doctrina de seguridad nacional.
Al haber coadyuvado al proceso de reforma, esta ONG y otros grupos
que participaron activamente en los encuentros públicos con
los Comisionados de Patten ganaron espacio e influencia importante.
Cabe notar también que tanta participación no gubernamental
generó más apoyo social para el desarrollo de esta
reforma; los que tradicionalmente habían denunciado a la
policía invirtieron tiempo y recursos al proceso de buscar
soluciones duraderas. En un contexto tan polarizado con tan tradicional
rechazo a las soluciones oficiales, esto fue un gran logro.
Para las autoridades mexicanas que se preguntan qué pueden
hacer para obtener algunos resultados similares, una respuesta puede
ser muy simple: iniciar un proyecto de aprendizaje conjunto reuniendo
autoridades de distintas instancias oficiales con actores de la
sociedad civil y representantes de ONG. Las autoridades mexicanas
ya son partidarias del estudio comparativo: por ejemplo, recientemente
un equipo de Los Pinos viajó a Texas y a Chile para conocer
su sistema judicial, y ahora se contemplan viajes a países
de Europa con el mismo propósito. Hay otros ejemplos de estudios
en el exterior. Pero hasta el momento se ven pocas o ninguna iniciativa
que incluya a aquéllos ajenos a los círculos de gobierno,
y no parece que la experiencia adquirida se esté compartiendo.
Una iniciativa conjunta puede tomar el ejemplo de Los Pinos de viajar
a diferentes países donde las experiencias pueden ser ilustrativas.
Esto podría complementarse con seminarios comparativos acordados
para traer a expertos extranjeros a diferentes foros en México.
Además, algunos grupos de trabajo podrían estudiar
y debatir textos importantes en ese campo, para ventilar las ideas
y llegar a conclusiones sobre áreas prioritarias. Las ONG
participantes obtendrían buenos elementos para definir un
papel nuevo y apropiado para sí mismas, un avance notable
en un área que ha carecido notablemente de sus ideas o propuestas.
Por parte del gobierno esto implicaría una verdadera inversión
de tiempo y dinero para fomentar de manera muy concreta la participación
y la colaboración de las ONG que continuamente buscan, por
lo menos en el nivel de la retórica. Ninguna de las partes
tendría que renunciar a su derecho de disentir, incluso enérgicamente.
Sólo está en peligro el derecho de abstenerse de participar
en los asunto de interés público.
3. Adoptar un lenguaje sobre derechos y seguridad.
La forma misma del discurso sobre seguridad ciudadana y justicia
es uno de los obstáculos más limitantes para reunir
fuerzas en esta área. Hay naturalmente dos valores principales
que dominan la discusión: la protección del ciudadano
contra la delincuencia (que implica, a su vez, la prevención,
persecución y sanción de delito) y el pleno respecto
por los derechos de toda persona, sea víctima, testigo e
incluso el presunto responsable. Cuando se presentan ambos valores
como incompatibles y en necesaria competencia, como irremediablemente
sucede, surgen dos bandos contrarios, cada uno poniendo énfasis
en un valor diferente. Este documento no se enfoca en los numerosos
argumentos en contra de tal dicotomía, sino que sugiere que
todos los actores deben reconocer la importancia de ambos valores,
en público y en cada oportunidad.
Los grupos de defensa de derechos humanos en México han logrado
algo importante en este respecto: el comentario público de
las autoridades rara vez omite alguna mención de la importancia
de proteger los derechos humanos, o deja de aseverar que hacerlo
es la política y la práctica oficial. Aunque podría
discutirse la consistencia con que se aplica esta política,
es importante reconocer que el lenguaje oficial ha evolucionado,
y felicitar a las autoridades que han adoptado el mensaje de la
protección de los derechos humanos. Al mismo tiempo, las
ONG rara vez son actúan recíprocamente reconociendo
la legítima y necesaria batalla contra el crimen. Al asimilar
la idea de que la policía tiene que ser eficaz al igual que
justa, los defensores de derechos humanos podrían ayudar
a cambiar el modo en que perciben y son percibidos por la policía.
Sin abstenerse de criticar, podrían contribuir a general
la base de un intercambio más productivo de cómo satisfacer
ambos valores en mayor grado, y esto es algo que debiera interesar
tanto al activista como a la autoridad.
4. Desarrollar mecanismos y políticas informativas.
Una de las preocupaciones más urgentes frente las autoridades
policiales es cómo cambiar la percepción pública
de la policía. Para ellos es más que claro que lograr
esto implica no solo cambiar la realidad interna de la policía;
algunas autoridades frustradas se quejan de cuán poco se
habla de los cambios que han introducido. Las políticas de
información (con relativamente poco énfasis en las
reformas hasta ahora) pueden ayudar a lograr ambos propósitos
- un cambio positivo y hacer que el público comience
a percibirlo. En el ámbito interno ha de mejorarse el manejo
de información, por ejemplo, sobre el desempeño de
elementos, supervisión, uso de recursos, etc. De modo más
importante, esta información tiene que llevar consecuencias
(positivas y negativas) que representen incentivos para mejorar
la actuación policial.
Atender cuestiones de accountability no es la única
opción de los oficiales de policía para ganar la confianza
del público. Al contemplar ésta entre otras estrategias
vale reflexionar que el índice delictivo no es muy flexible,
ni está sujeto a descensos radicales únicamente como
consecuencia de lo que hace la policía. Si bien ella puede
afectar este fenómeno social, su impacto será solo
parcial. Además, es poco probable que la mejoría se
perciba durante el breve y absorbente lapso de los ciclos políticos,
y es virtualmente imposible que esto pase con cuerpos policiales
que no han superado sus múltiples defectos. Entonces, si
no se puede confiar en que las cifras de delincuencia hablen por
sí mismas, habrá que pensar en otra forma de mostrar
la voluntad de cambiar: el proceso de limpiar la institución,
sancionar mala conducta e incentivar la buena.
Se recomienda entonces la creación de mecanismos de reportes
que informen activamente vía Internet y otros recursos, sobre
cómo, cuando, y con cuánta rapidez y eficacia se han
resuelto las quejas ciudadanas o actas levantadas en contra de elementos
de policía. Todo esto se puede hacer sin incluir datos de
identificación u otra información que perjudicaría
el derecho a la privacidad de las personas involucradas. (Esta es
en realidad la política y practica de muchas instituciones
policiales, aunque en general se considera una buena práctica
el dar al quejoso información más detallada, en rpivado.)
Si se desea generar una competencia sana, se pueden presentar en
otros espacios las cifras según delegaciones o instalaciones
policiales, para que el público pueda identificar cuales
unidades tienden a recibir una menor cantidad de quejas, o cuales
registran los mejores resultados en encuestas sobre la experiencia
ciudadana en la comunidad.
Un conjunto de sistemas y prácticas más ágiles
y transparentes ayudan a lograr varios objetivos centrales para
mejorar la percepción ciudadana:
- Evaluar la diligencia y eficacia de los elementos y sus
supervisores.
- Dar seguimiento a patrones de conducta al nivel de individuos,
unidades y la institución entera, que ofrezca lecciones para
modificar el reclutamiento, formación, normas de actuación,
etc. — es decir, que muestre como mejorar la institución.
- Sensibilizar y educar al público sobre lo que la
institución esta haciendo para reconocer y enfrentar sus
problemas, y ajustar las expectativas de acuerdo con la dificultad
de esta transición institucional mostrando el desarrollo
de estos sistemas y procesos. Cabe notar que un público informado
puede ser un apoyo importante para un proceso de reforma que inevitablemente
encontrará resistencias fuertes en el ámbito interno
de la policía.
- Ayudar en el proceso de definir para el público y
la policía cuáles son las cosas que se quieren de
ella. Puede ser que un público informado expresaría
preferencia por más servicios de la policía y menos
detenciones — es decir, querría un cuerpo que defina
su mandato con menos énfasis en el uso de su fuerza y más
en la oferta de otros servicios policiales.
5. Crear figuras externas de fiscalización y asesoría
dedicada específicamente a la policía.
Las autoridades mexicanas podrían considerar la creación
de una institución pública y autónoma de auditoria
sobre los mecanismos existentes de control y accountability.
Ha de reconocerse que las Comisiones de Derechos Humanos, por la naturaleza
de sus mandatos sobrecargados (y una obligada orientación hacia
casos particulares) no han podido jugar este papel de supervisión,
análisis y propuesta. Se requiere un mecanismo con un enfoque
específico, con personal cuya formación y experiencia
les dé tanto una apreciación de lo difícil de
la tarea policial, como la capacidad de evaluar y asesorar sobre el
desempeño de sistemas.
La existencia de dicho peritaje y fiscalización institucional
trae fuertes beneficios a la gerencia policial, y a su vez, a los
elementos y a los archivos. El ejemplo tal vez más dramático
se trata del la Oficina de Asesor Especial Para La Oficina del Sheriff
del Condado de Los Ángeles, California. El condado de Los Ángeles
es una unidad administrativa en ésta ciudad, pero la Oficina
del Sheriff (LASD) es una institución independiente
del Departamento de Policía.
Las dos fuerzas tienen muchas semejanzas. El personal de policía
es similar (LASD 8,500, LAPD 10,000) al igual que las poblaciones
que patrullan, alrededor de 3.5 millones de personas. Cuando sucedió
el incidente de Rodney King, ambas fuerzas tenían serios problemas
de brutalidad policial. Pero las autoridades tomaron la decisión
de nombrar un Asesor Especial, motivadas por los altos costos de litigios
en su contra que sumaban anualmente decenas de millones de dólares
y contribuyeron a la virtual quiebra del condado de Los Angeles. El
Asesor tiene amplio acceso a los datos procesos y personal de la fuerza
policial y pública informes serios cuyas conclusiones críticas
siempre van acompañadas por detalladas sugerencias sobre cómo
mejorar la gerencia de la institución y evitar los problemas
que la aquejan.
Son impresionantes los resultados en el condado de Los Ángeles
y su gran diferencia respecto del LAPD, que seguía tambaleándose
vergonzosamente de un escándalo a otro. Elementos del LASD
mataron a 23 personas en 1991, y siete años después
sólo a 11. Mientras tanto, el LAPD ni siquiera mantenía
datos sobre el número de tiroteos fatales. Pero sabemos que
seis años después de crear la oficina del Asesor, el
total de tiroteos con elementos del LAPD en 1997 fue más de
un 30% superior al LASD. (En la década 1991-2001 el numero
de personas baleadas por un elemento de LASD cayo de 56 a 12 y el
número de elementos muertos por armas de fuego de 10 a 2.)
La marcada diferencia en la actitud sobre el problema de mala conducta
y las tendencias tan divergentes en cuanto el numero de incidentes
del uso de armas de fuego en ambos cuerpos entre 1991 y 1998 (LASD
por debajo, LAPD por arriba), instó a uno de los periódicos
de Los Ángeles a preguntarse en 1999, “¿Por qué
no puede el LAPD ser más como el LASD?”
Hay una nota de pie interesante en esta comparación ,que puede
arrojar luz sobre la cuestión de la relación entre mayor
accountability y la agresividad policial contra la delincuencia.
Antes de que LAPD finalmente comenzara a implementar un serio fortalecimiento
en su investigación de quejas ciudadanas en 1998, como consecuencia
del peor escándalo de su historia, el LASD tenia un índice
de capturas (expresado como un porcentaje de la delincuencia) más
alto que el del LAPD, una tendencia que siguió por lo menos
hasta el 2001. (Por otro lado, también cabe notar que después
de 5 años de un régimen más estricto de accountability,
LAPD hoy está viendo menos casos de uso excesivo de la fuerza,
menos costos de litigio y poco a poco mejorías en su imagen
ante su comunidad.
La SECODAM de México, una autoridad anticorrupción,
y las Contralorías Internas correspondientes no sustituyen
a un auditor de accountability efectivo. Se trata de oficinas internas
cuyo enfoque ha reflejado en mayor parte la connotación fiscal
de accountability y se ha ocupado poco del progreso de evaluación
en otros aspectos clave, como el desarrollo de sistemas de revisión
del uso de la fuerza, prácticas de seguridad de los oficiales,
etc. Más aún, los experimentos en accountability
y anticorrupción han reproducido en mucho la más amplia
experiencia Latinoamericana: la creación de requerimientos
adicionales innumerables, y capas rígidas de burocracia que
han disminuido tanto la eficiencia como la equidad, sin producir un
correspondiente incremento en el servicio. En las palabras de Esteban
Moctezuma Barragán y Andrés Roemer, autores de un trabajo
reciente sobre servicio público en México, el resultado
es que el gobierno debe pagar más para hacer lo mismo.
De la revisión de varios reportes anuales resalta la continua
y urgente necesidad de mecanismos que puedan ofrecer al público
una visión clara y coherente de de problemas específicos
y una descripción significativa de las acciones tomadas o requeridas.
¿Auditoria o recepción de quejas?
Una auditoria puede traer un beneficio muy importante que desde la
perspectiva de fortalecer sistemas, la hace una prioridad. Por su
naturaleza, la auditoria fiscaliza la implementación de los
mecanismos de control, y así evalúa en gran parte la
función supervisora dentro de la institución. Investigaciones
académicas, encuestas de policías y las observaciones
de la experiencia ponen énfasis en el importante papel de supervisores
y comandantes en definir qué se entiende como buen (o mal)
trabajo dentro la institución. Una innovación dirigida
a evaluar la gerencia y creación de una cultura institucional
sería, desde esta perspectiva, un paso aún más
urgente que la creación de una entidad dedicada específicamente
a la recepción de quejas sobre la policía. En cualquier
caso, esta última es necesaria (a pesar de la existencia de
las Comisiones de Derechos Humanos) pero de poco valdran sus recomendaciones
hasta que no existan sistemas más adecuados dentro de cada
cuerpo policial para cumplirlas.
Aun así las autoridades en todos los niveles de gobierno deben
empezar a estudiar con seriedad la posibilidad de una especie de Ombudsman
sobre la policía. Particularmente dentro de una federación
como la mexicana, tiene sentido contar con una entidad que atienda
a ciudadanos en las diversas jurisdicciones, que tome nota de sus
quejas y las investigue para emitir una recomendación sobre
su resolución. Vale reflexionar sobre la experiencia de otros
países que han experimentado con diversas formas de dicho mecanismo:
Irlanda del Norte nombró un Ombudsman para la policía
como resulta del acuerdo Good Friday, mientras Sudáfrica
creyó la Dirección de Quejas Policiales para complementar
diversos mecanismos internos diseñados para regular y monitorear
el uso de la fuerza. Queensland, Australia creyó una Comisión
de Justicia Penal para revisar la conducta policial de resultas de
enormes abusos y escándalos de corrupción. Siguiente
encuestas por un comité público ad hoc y diversos
informes gubernamentales a lo largo de los 1980, Israel creyó
en 1992 una recepción de quejas externa, mientras Colombia,
país con una de las más altas incidencias de violencia
estatal del mundo, nombró un comisionado de quejas (de corta
vida) con elementos internos y externos. Incluso Nueva York tras una
larga lucha, desarrolló por fin en 1993 la Oficina Ciudadana
de Revisión de Quejas (Citizens Complaint Review Board)
con cierta autonomía (y en 2001, después de mucha preocupación
sobre el tratamiento que el jefe de la policía daba a las quejas
que esta Oficina encontraba fundadas, el entonces alcalde Giuliani
propuso aumentar sus responsabilidades para llevar procesos administrativos
contra los elementos culpables de faltas, reemplazando a las autoridades
policiales en esa tarea). Canadá creo una recepción
de quejas sobre la famosa Canadian Royal Mounted Police (RCMP)
desde 1988 que conduce investigaciones independientes pero complementarias
a los procedimientos disciplinarios internos de la RCMP. Se ha creado
en Perú un Ombudsman policial de otra clase que merece atención:
la oficina se ha dedicado a defender los derechos de policías,
y se ocupa de diversos tipos de casos, desde desafiar abusos de los
procesos disciplinarios administrativos hasta ayudar a los cónyuges
que sobreviven a los elementos fallecidos para asegurar que reciban
los beneficios por muerte.
La verdad de las experiencias de dichas entidades ciudadanas es que
por sí solas normalmente no pueden tener un impacto suficiente
para acabar con los problemas. Esto se debe a que siempre es difícil
obtener acuerdos sobre sus atribuciones, particularmente la facultad
de decidir en definitiva sobre la sanción. Esto no implica
decir que necesariamente es mejor dar esta facultad a entidades ciudadanas
(en muchos casos me inclino por reservar esto al comando policial).
La lección esencial es que tales entidades son parte de la
solución; y necesariamente deben compartir facultades con la
policía, pero aunque representan un tipo importante de fiscalización,
no son un substituto para la buena aplicación interna de las
normas.
Tal vez el camino más prudente sería optar por una auditoria
primero, mientras se explora y se evalúa la experiencia de
las Comisiones de Derechos Humanos en este ámbito, ambas cosas
con el fin de obtener una mejor idea sobre el mejor diseño
y atribuciones de un eventual Ombudsman sobre la policía.
Distintos modelos institucionales pueden cumplir con la misma función
de recibir e investigar quejas. Quizá, más importante
que el diseño específico es la estrategia para crear
un balance de fuerzas y mecanismos, tanto externos como internos.
Oficiales de policía y autoridades reconocen en privado que
muchos elementos rechazan a las Comisiones de Derechos Humanos y a
las ONG, considerándolas como implacablemente hostiles. Aunque
comprensible, esta actitud parece estar basada en una percepción
imprecisa. Si bien esas instituciones le parecen a la policía
demasiado criticas, que vigilan sus actos demasiado de cerca, esto
probablemente refleja la regla de que la política pública
no tolera el vacío. Los cuerpos policiales actualmente no ofrecen
al público suficientes señales tangibles de su compromiso
de corregirse, y por ello otros actores se sienten obligados (a menudo
por presión pública) a demostrar que ellos están
llenando el vacío. Considérese otro escenario, preferible
por mucho: los sistemas internos empiezan a demostrar que están
ejerciendo un control efectivo sobre la actuación de los policías,
y los actores externos comienzan a sentirse en mayor libertad de cambiar
el énfasis de su trabajo, dedicando recursos a un enfoque distinto
sobre la policía, y dirigiéndose a otro conjunto de
asuntos completamente diferente. Estos últimos no sentirían
tanta presión de continuar como hasta entonces si un mecanismo
de auditoría comenzará a reportar una mejoría
en la disciplina y el desempeño general de la policía.
6. Diseño de una entidad federal para apoyar el estudio
y la investigación
Los sistemas federales enfrentan retos relativamente ajenos a los
sistemas centrales. La responsabilidad dividida entre tantas jurisdicciones
distintas, con una variedad de diseños institucionales y normativos,
puede hacer la coordinación extremadamente difícil.
Pero al ser así, las federaciones tienen la gran posibilidad
de aprovechar las experiencias de distintos estados y municipios.
Las autoridades federales, ejerciendo sus facultades únicas
de alcance nacional, deben crear una entidad que coseche este potencial
y promueva el estudio, la experimentación y la divulgación
de resultados.
Washington, D.C. nos ofrece una experiencia relevante en este campo.
Como en México, el gobierno federal estadounidense y sus distintos
cuerpos policiales (Patrullas Fronterizas, el FBI, el Servicio de
Inmigración) tienen competencias limitadas en el ámbito
de delitos de índole federal, mientras que la vasta mayoría
de la delincuencia cotidiana está en manos de cuerpos locales
de seguridad. Pero desde 1968, el gobierno federal ha desarrollado
un papel de apoyo y aprendizaje para los estados y municipios cuya
importancia ha sido fundamental.
En los años 60, después de décadas sin figurar
mucho en la pantalla política, la delincuencia (y las múltiples
tensiones sociales que aparecían en nuestra sociedad) instó
al Presidente Johnson a nombrar una comisión técnica
sobre “la procuración y administración de justicia”
que en una sola frase captó gran parte del problema con las
ideas anticuadas entonces prevalecientes en seguridad publica: “la
revolución de los descubrimientos científicos ha eludido
mayormente el tratamiento de los problemas de la delincuencia y su
control”. Amparado por las recomendaciones de dicha comisión,
el Congreso creó el Instituto Nacional de Justicia (NIJ). En
sus 35 años de operación el Instituto ha financiado
un sinnúmero de investigaciones académicas y proyectos
piloto, todos evaluados, documentados y accesibles a cualquiera que
tenga el interés en conocer la experiencia. Cabe notar que
el Instituto no consta de, ni censura las opiniones o políticas
expresadas a través estos trabajos. Con frecuencia, incluso
éstos tratan temas muy sensibles para los gobiernos y cuerpos
policiales a todos los niveles del Estado. El efecto es cosechar la
gran oferta de una república federal: distintos laboratorios
para nuevas ideas y, con el apoyo de NIJ, una virtual y perpetua conversación
entre ellos.
* * *
Estas recomendaciones no pretenden ser soluciones. Son recomendaciones
y, aun implementadas, no terminarán con las decisiones sobre
cómo administrar los cuerpos policiales. Aún en el área
de accountability hay decisiones difíciles -qué
tipo de mecanismos se necesitan y se desean, qué nivel de transparencia
ante el publico, que mezcla de controles internos y externos, etc.
Este documento busca auxiliar en la definición de algunas de
las preguntas y ofrecer una base para responderlas. Es virtualmente
imposible predecir a dónde conducirá el proceso de reforma,
pero quizá no lo es tanto decir por dónde comenzar.
Los retos de México son propios, pero no son completamente
únicos, y hay mucho que allegarse del mundo a su alrededor.
1
Entre los participantes en las reuniones públicas, 14 partidos
políticos, negocios y sindicatos hicieron intervenciones orales.
Además de las reuniones convocadas por la Comisión,
Comisionados participaron en diversas reuniones convocadas por otras
entidades. La Comisión consultó con 29 cuerpos policiales
de distintos países, y sostuvo reuniones privadas con 29 ONGs
y entidades vinculados con la policía local.
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